Puerto Gaitán volvió a demostrar que en política muchas veces el discurso dura menos que una campaña. El alcalde César Pérez llegó al poder con 14.912 votos y con una narrativa que conectó especialmente con las comunidades indígenas y los sectores populares del municipio. “Unidos por el futuro y el trabajo” era la promesa de un gobierno distinto, cercano a la gente, enfocado en resolver las necesidades históricas de uno de los territorios más ricos del Meta. Pero hoy, la sensación que queda en gran parte de la población es otra: que el poder terminó haciendo exactamente lo mismo que tanto criticaron.
Y no es una percepción gratuita. Basta revisar las decisiones recientes de la administración para entender por qué crece el malestar. Mientras Puerto Gaitán sigue enfrentando problemas básicos en salud, vías, servicios e inversión social, la Alcaldía y el Concejo Municipal avanzan en multimillonarias adiciones presupuestales para fiestas y eventos.
En días pasados, por ejemplo, se conoció la aprobación de una adición cercana a los 7.832 millones de pesos para seguir aumentando el presupuesto del Festival Internacional de la Cachama. Recursos que, según la información conocida, estarían destinados a completar la nómina de artistas, logística, sonido, tarimas, producción y operación técnica del evento. Solo el contrato relacionado con la presentación de Grupo Firme tendría una adición cercana a los 2.500 millones de pesos para fortalecer el cartel artístico.
Lo más llamativo es que la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte ya manejaba una asignación superior a los 11.239 millones de pesos. Aun así, ahora se requieren más recursos para seguir alimentando un festival que terminaría costando más de 10.000 millones de pesos para apenas un fin de semana.
Y ahí es donde aparece la gran pregunta: ¿de verdad esa es hoy la prioridad de Puerto Gaitán?
Porque mientras se anuncian escenarios, artistas y contratos millonarios, la realidad del municipio sigue golpeando duro. Puerto Gaitán es el municipio que más regalías petroleras recibe en el Meta, mueve cifras billonarias alrededor de la industria petrolera y constantemente aparece como ejemplo de riqueza fiscal. Pero al mismo tiempo, sigue teniendo comunidades indígenas viviendo en condiciones de pobreza extrema.
La paradoja quedó expuesta hace apenas unos días, cuando la secretaria de Salud del Meta, Ana Zenit Argote, confirmó que tres de las siete muertes por desnutrición infantil registradas en el último año en el departamento ocurrieron precisamente en Puerto Gaitán. Sí, en el municipio donde diariamente se mueve una de las economías petroleras más fuertes del país.
El diputado Miguel Giovanni Beltrán lo resumió de manera contundente al hablar de una “paradoja inaceptable”: petróleo, regalías y millones por todos lados, mientras niños siguen muriendo por hambre en comunidades indígenas.
Pero además de la salud y la alimentación, hay otras señales que empiezan a preocupar seriamente. En Puerto Gaitán hoy ya se comenta que este podría ser el primer gobierno en varios periodos que no entregará viviendas a las familias del municipio. Y aunque los anteriores gobiernos fueron ampliamente cuestionados, por lo menos la vivienda terminaba siendo una de las pocas obras visibles para la comunidad. Hoy ni siquiera se habla de proyectos concretos en ese sentido.
A eso se suma otro tema que parece desaparecer de la agenda pública: la necesidad urgente de una PTAR. Mientras el municipio sigue creciendo y recibiendo millonarios recursos petroleros, el río continúa siendo prácticamente el desagüe de Puerto Gaitán. Pasan administraciones, cambian alcaldes, cambian discursos, pero el problema sigue intacto. Y lo más grave es que pareciera que dejó de ser prioridad.
Y ahí es donde el discurso del cambio empieza a derrumbarse.
Porque una cosa es invertir en cultura y promover eventos que dinamicen la economía local, algo completamente válido. Pero otra muy distinta es convertir las fiestas en prioridad permanente mientras las necesidades más urgentes siguen esperando.
Lo preocupante es que el problema ya no parece ser solo de cifras. Empieza a ser de enfoque. Puerto Gaitán da la impresión de ser un municipio donde cada vez hay más recursos para espectáculos y menos respuestas para los problemas estructurales.
A esto se suma la preocupación por otros contratos que vienen generando ruido en el municipio, como la feria bovina anunciada recientemente, cuyos costos —según diferentes sectores— superarían ampliamente los valores de versiones anteriores. Todo mientras crecen los cuestionamientos por la priorización del gasto público.
Y quizá ahí está el verdadero debate de fondo: ¿qué está haciendo Puerto Gaitán con la riqueza que recibe?
Porque mientras el petróleo sigue produciendo millones diariamente, las comunidades continúan reclamando mejores vías, mejor atención en salud, inversión social real y soluciones de fondo. Incluso el sistema de salud enfrenta una crisis financiera alarmante, con deudas que superarían los 35.000 millones de pesos en la red pública.
El contraste es demasiado fuerte para ignorarlo.
De un lado, tarimas, artistas y festivales multimillonarios.
Del otro, niños muriendo por desnutrición, comunidades sin soluciones básicas y un río convertido en receptor de aguas residuales.
Y aunque las fiestas duran apenas unos días, las consecuencias de las prioridades equivocadas terminan quedándose por años.








