Por años, el Meta ha vivido de sus riquezas naturales sin preguntarse qué pasará cuando estas ya no estén o cuando dejen de ser suficientes. Petróleo, agro, regalías y una ubicación estratégica han sostenido al departamento, pero también han alimentado una peligrosa comodidad: la de no planear a largo plazo.
En medio de ese panorama aparece una visión distinta, más cercana a la gerencia que al discurso político tradicional. Ricardo Jaramillo, empresario del sector salud y hoy aspirante a la Cámara de Representantes, con el número 103 del Partido de la U, propone algo que suena simple pero profundo: ver al Meta como una gran empresa, donde el agro, el turismo y la industria sean motores reales de desarrollo y donde los metenses no sean espectadores, sino socios del crecimiento.
Su planteamiento parte de una lectura clara de la realidad. El Meta no puede seguir dependiendo de un solo sector ni sosteniendo su economía sobre ingresos que no generan valor agregado. El agro, por ejemplo, necesita dejar de ser solo producción primaria y convertirse en agroindustria, con innovación, transformación y empleo digno. No se trata solo de sembrar más, sino de producir mejor y vender con valor.
Pero la propuesta de Jaramillo no se queda en cifras y modelos económicos. Uno de los puntos que más ha llamado la atención en esta campaña es su insistencia en poner la salud mental en el centro de la agenda pública. En un departamento golpeado por el estrés social, la violencia, la ansiedad y la desesperanza silenciosa, hablar de salud mental ya no es un lujo ni una moda: es una urgencia.
Su propuesta de vigías de salud mental, personas formadas en comunidades, colegios y barrios para detectar, acompañar y prevenir crisis emocionales, plantea un enfoque distinto: menos reacción y más prevención. Más humanidad y menos trámite. Un modelo que entiende que cuidar la mente también es cuidar la economía, la familia y el tejido social.
A esto se suma una propuesta que ha generado debate en el sector productivo: el IVA diferencial para el Meta. Una iniciativa que busca aliviar cargas a comerciantes y consumidores en un territorio que enfrenta sobrecostos logísticos, brechas de competitividad y dificultades estructurales. No es una promesa populista, sino una discusión necesaria sobre equidad regional y desarrollo territorial.
Hoy, con el avance de la campaña, el nombre de Ricardo Jaramillo ya no es marginal. Por estructura, presencia territorial, respaldo ciudadano y coherencia en su discurso, se perfila como uno de los tres candidatos con mayores opciones de llegar a la Cámara de Representantes por el Meta. Y eso no es menor en un escenario político fragmentado y lleno de mensajes vacíos.
El Meta enfrenta una decisión de fondo: seguir administrándose desde la coyuntura o empezar a pensarse desde el futuro. Apostarle a la improvisación o asumir, de una vez por todas, que un departamento también necesita visión, orden y propósito.
Quizás el verdadero debate no es quién gana una curul, sino qué tipo de liderazgo necesita el Meta para los próximos 30 años.
La irrupción del empresario y hoy candidato por el Partido de la U, U103, Ricardo Jaramillo, en el debate público ha comenzado a abrir esa reflexión que el departamento llevaba años postergando.











