De Parrado a Mayusa: el Pacto Histórico en el Meta y el voto que no pregunta por el candidato

La semana pasada se volvió viral una frase atribuida al periodista Daniel Coronell. Con ironía dijo que, si tuviera que elegir entre Abelardo de la Espriella y un zapato, votaría por el zapato. Más allá de la provocación, la frase describe un fenómeno político que también empieza a verse en el Meta: el voto automático. Ese en el que el nombre del candidato pasa a un segundo plano y lo único que importa es el logo del partido. Hoy esa discusión atraviesa al Pacto Histórico en el departamento. Y lo curioso es que el mejor ejemplo de ese fenómeno puede…

Diego Romero

marzo 6, 2026

La semana pasada se volvió viral una frase atribuida al periodista Daniel Coronell. Con ironía dijo que, si tuviera que elegir entre Abelardo de la Espriella y un zapato, votaría por el zapato.

Más allá de la provocación, la frase describe un fenómeno político que también empieza a verse en el Meta: el voto automático. Ese en el que el nombre del candidato pasa a un segundo plano y lo único que importa es el logo del partido.

Hoy esa discusión atraviesa al Pacto Histórico en el departamento. Y lo curioso es que el mejor ejemplo de ese fenómeno puede encontrarse en la transición que vive hoy esa fuerza política: pasar de Gabriel Parrado a Carmen Mayusa.

Parrado llegó al Congreso impulsado por el proyecto del Pacto y con el respaldo político del entonces alcalde de Villavicencio, Felipe Harman. Sin embargo, terminado el periodo legislativo, incluso dentro de sectores de izquierda en el Meta se escucha la misma crítica: su paso por la Cámara fue más bien discreto frente a los grandes debates del departamento.

De hecho, para muchos ciudadanos uno de los episodios más recordados en redes no tiene que ver con una intervención legislativa ni con una propuesta regional. Lo que terminó circulando con mayor fuerza fue un video en el que Parrado decidió raparse completamente la cabeza y aparecer calvo frente a la cámara. El episodio se volvió viral y terminó siendo, para algunos, uno de los momentos más comentados de su presencia pública.

Y ahí aparece la pregunta incómoda: si la representación política no dejó mayor huella en el debate regional, ¿por qué hoy pareciera que la discusión no es quién será el mejor candidato, sino simplemente quién llevará el logo del Pacto?

Porque todo indica que la apuesta del movimiento se mueve ahora hacia Carmen Mayusa, también cercana al círculo político de Harman. Y aunque dentro del movimiento existen otras voces, como la de César Díaz, muchos reconocen que competir contra estructuras internas ya alineadas no es sencillo.

Pero el verdadero desafío para el Pacto Histórico no es solo político. También es matemático.

El Meta elige tres representantes a la Cámara y el umbral electoral se mueve alrededor de los 60 mil votos. Esa cifra obliga a cualquier movimiento a construir una campaña sólida, con liderazgo regional y capacidad real de movilizar electores.

Sin embargo, lo que empieza a percibirse es una lógica distinta: que el mensaje hacia los votantes no sea tanto quién representa mejor al departamento, sino simplemente votar por el Pacto.

Ese es el punto donde el debate se vuelve más profundo.

Porque cuando el llamado es votar por el logo sin importar el candidato, el nombre termina siendo irrelevante. Sus propuestas, su gestión o su trayectoria pasan a segundo plano frente a la identidad del movimiento.

En otras palabras: da lo mismo quién aparezca en el tarjetón.

Y ese fenómeno se empieza a discutir incluso entre militantes históricos del propio Pacto en el Meta, quienes reconocen en privado que la competencia interna se ha vuelto cada vez más desigual frente a las estructuras políticas que dominan el movimiento.

El resultado es una paradoja política.

Mientras el discurso nacional del Pacto habla de renovación y de una nueva forma de hacer política, en lo local la discusión pareciera reducirse a quién recibe el respaldo de los liderazgos internos y quién logra quedarse con el logo.

Por eso la transición de Parrado a Mayusa no es solo un cambio de nombre. Para muchos analistas locales representa algo más profundo: la confirmación de que, en ciertos sectores del movimiento, el candidato puede cambiar sin que cambie realmente la lógica política.

El 8 de marzo será una prueba importante para el Pacto Histórico en el Meta. No solo deberá alcanzar el umbral que le permita mantenerse en la Cámara, sino demostrar que el llamado cambio también implica una discusión seria sobre quién representa al departamento.

Porque si el mensaje termina siendo que basta con votar por el logo, sin importar quién esté detrás, la política corre el riesgo de llegar a una conclusión incómoda.

Que el candidato sea lo de menos.

Y cuando en democracia da lo mismo quién sea el candidato, el problema ya no es del candidato.

Es de la política.

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