Y nació la tercería.

Diego Romero

marzo 15, 2026

Durante meses muchos colombianos sentían que la elección presidencial se estaba reduciendo a dos caminos: el de Iván Cepeda por la izquierda y el de Abelardo de la Espriella por la derecha más dura. Pero una parte importante del país no se sentía completamente representada por ninguno de los dos. Querían otra opción. Querían una tercería.

Y esa tercería apareció.

Apareció con Paloma Valencia, una candidata que logró reunir varios elementos políticos que hoy la muestran como competitiva: el respaldo de una gran consulta en la que varios precandidatos hicieron algo que durante años se le pidió a la política colombiana, unirse, conversar y ponerse de acuerdo.

Y lo hicieron.

Dejaron los egos a un lado y eligieron una sola candidata.

Esa candidata hoy es Paloma Valencia.

Pero Valencia tenía un desafío evidente. Para algunos, una fortaleza; para otros, un problema: el respaldo del expresidente Álvaro Uribe.

Para la derecha más radical, Valencia parecía no tener suficiente conexión con la calle.

Para sectores de centro, su discurso parecía demasiado distante.

Y para la izquierda, el camino ya estaba claro con Cepeda.

Mientras tanto, en redes sociales se inflaban candidaturas que nunca lograron despegar en las encuestas. Algunos seguían viendo viable a Roy Barreras, pese a que nunca logró consolidar una verdadera opción electoral.

Pero en la gran consulta ocurrió algo que sí llamó la atención.

El segundo lugar.

Y sobre todo, la votación de Juan Daniel Oviedo: más de un millón de votos que lo convirtieron en el compañero político más apetecido del momento.

Oviedo tenía algo particular: estaba jalonando votos de sectores muy distintos, algo que otros candidatos no estaban logrando.

El técnico del DANE.

El que hablaba de cifras cuando nadie quería hablar de cifras.

El que muchos describían como “gomelo”.

Y sí, también el primer político abiertamente gay con posibilidades reales en una fórmula presidencial en Colombia.

En un país que todavía es profundamente conservador en muchos aspectos, eso no era un detalle menor.

Pero más allá de su vida personal, lo que Oviedo demostró fue capacidad de conexión política. Con jóvenes, con sectores urbanos, con comunidades diversas, con votantes de centro e incluso con parte de la derecha moderada.

Ese millón de votos empezó a preocupar a muchos.

Porque era una combinación poco común: votos + perfil técnico + narrativa de renovación.

Por eso, cuando Oviedo decidió aceptar la vicepresidencia en la fórmula con Paloma Valencia, el tablero político se movió.

Desde el petrismo comenzaron las críticas: que traicionó sus principios, que se fue para la derecha, que perdió coherencia.

Pero lo que realmente ocurrió fue otra cosa.

Nació una tercería.

Una fórmula que para muchos representa algo distinto: la posibilidad de una candidata mujer a la Presidencia y un vicepresidente abiertamente gay en un país donde la política tradicional pocas veces ha reflejado esa diversidad.

Y eso cambia la conversación.

Porque, de repente, la elección dejó de ser únicamente entre Cepeda o De la Espriella.

Hoy el panorama muestra tres candidaturas fuertes.

Claro, hay más de una decena de aspirantes inscritos. Pero tendría que pasar algo muy extraordinario para que la disputa principal salga de esos tres bloques.

Aunque estamos en Colombia, y aquí cualquier cosa puede pasar.

Personalmente, creo que algo positivo sí está ocurriendo: hay diversidad de candidaturas y el país tiene opciones.

Pero lo más importante sigue siendo lo mismo de siempre.

Salir a votar.

Porque el Pacto Histórico, con una de las mayores representaciones políticas del Congreso, convierte a Cepeda en un candidato fuerte para esta elección.

Así que la decisión es nuestra.

Decidir… pero decidir bien.

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